Historia del Teatro Musical Argentino / JAZZ SWING TAP: EL GRAN SUEÑO MUSICAL DE ALEJANDRO ROMAY QUE DESLUMBRÓ BUENOS AIRES EN 200

 

Teatro Broadway — Estreno: 7 de junio de 2003

Con Sandra Guida, Elena Roger y Diego Reinhold, las coreografías de Elizabeth de Chapeaurouge, la dirección musical de Gerardo Gardelín y la dirección artística de James Murray, JAZZ SWING TAP fue una de las grandes apuestas del teatro musical argentino de comienzos del siglo XXI.

En 2003, Alejandro Romay, el legendario empresario conocido como el Zar del Teatro, decidió concretar un proyecto que había imaginado durante muchos años: un espectáculo dedicado a la época dorada del jazz, el swing, el tap y los grandes musicales de Broadway y Hollywood.

Así nació JAZZ SWING TAP, estrenado el 7 de junio de 2003 en el Teatro Broadway de la avenida Corrientes 1155, una producción que recuperaba el esplendor de los grandes espectáculos musicales estadounidenses con artistas argentinos.

No se trataba de una comedia musical tradicional, con una historia y personajes que evolucionaban a lo largo de la función. Era un gran music hall, una sucesión de números musicales, canciones, coreografías y momentos de humor que celebraban varias décadas de historia del espectáculo.

Tres grandes protagonistas

Para encabezar el elenco, Romay convocó a tres artistas que reunían las condiciones fundamentales del teatro musical: cantar, bailar y actuar.

Sandra Guida, una de las grandes figuras de la comedia musical argentina, llegaba precedida por su recordada interpretación de Velma Kelly en Chicago. Su personalidad escénica, su voz y su dominio de la danza la convertían en una intérprete ideal para este repertorio.

Elena Roger, que ya había participado en Los Miserables y Fiebre de sábado por la noche, aportaba su extraordinaria versatilidad, su energía y su capacidad para interpretar diferentes estilos musicales. Años después se convertiría en una figura internacional, especialmente por su interpretación de Eva Perón en Evita.

Diego Reinhold, actor, cantante y bailarín, sumaba su talento para la comedia, el humor y la interpretación musical.

Los tres encabezaban un numeroso conjunto de bailarines y cantantes, acompañados por una orquesta en vivo.

ENSAMBLE: Nicolás Armengol, Mariano Botindari, Gustavo Carrizo, Rodrigo Cristófaro, Cecilia Estévez, Charly G., Bruno García, Fabio Gigli, Christian Jiménez, Bebe Labougle, Carla Lanzi, Eugenia López Furgoni, Luis López Morera, Agustina Maier, Vanesa García Millán, Jimena Olivari, Ariel Pastochi, Darío Petruzio, Nadia Saval, Cecilia Sullivan, Paula Tirelli, Silvina Tordente, Déborah Turza y Damián Zaga.

Elizabeth de Chapeaurouge y el lenguaje de la danza

Uno de los pilares fundamentales del espectáculo fue el trabajo coreográfico de Elizabeth de Chapeaurouge, una de las artistas más importantes en el desarrollo de la danza teatral argentina.

Su desafío consistía en recuperar los diferentes lenguajes coreográficos que habían marcado la historia del musical estadounidense: la elegancia del baile de salón, la precisión rítmica del tap, la vitalidad del swing y la teatralidad del jazz.

El universo de Fred Astaire, Ginger Rogers, Gene Kelly y Cyd Charisse aparecía como inspiración de un espectáculo que exigía bailarines técnicamente preparados, pero también intérpretes capaces de transmitir emoción, personalidad y humor a través del movimiento.

La coreografía no era simplemente un acompañamiento de las canciones: constituía uno de los grandes atractivos de la producción.

La música: un recorrido por la historia del jazz

La dirección musical estuvo a cargo de Gerardo Gardelín, quien también realizó arreglos y compuso música original para determinados números.

El repertorio recorría distintas épocas y evocaba a figuras como Ella Fitzgerald, Frank Sinatra, Judy Garland, Bing Crosby, Liza Minnelli, Tony Bennett, Doris Day y Harry Connick Jr.

Entre los números incluidos se encontraban Tuxedo Junction, De buen humor, Ritmo loco, Amor secreto, Vos mandás y Yo amo el piano.

Una particularidad de la producción fue la decisión de interpretar en castellano varias canciones originalmente escritas en inglés, una propuesta impulsada por Alejandro Romay.

Gardelín trabajó para conservar la identidad musical de cada época y, al mismo tiempo, ofrecer un sonido actualizado mediante una orquesta de ocho músicos.

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Una superproducción en la avenida Corrientes

JAZZ SWING TAP respondió al estilo de los grandes espectáculos que caracterizaron las producciones de Alejandro Romay.

La puesta reunió alrededor de 30 artistas en escena, una gran escalinata como elemento escenográfico central y un importante despliegue técnico.

La producción contó con:

  • Idea y producción: Alejandro Romay.

  • Dirección artística: James Murray.

  • Coreografía: Elizabeth de Chapeaurouge.

  • Dirección musical y arreglos: Gerardo Gardelín.

  • Escenografía: Valeria Ambrosio.

  • Vestuario: Fabián Luca.

  • Iluminación: Ariel del Mastro.

  • Sonido: Gastón Brisky.

El despliegue incluyó 308 trajes y 546 luces, cifras que reflejaban la magnitud de aquella producción.

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El elenco de JAZZ SWING TAP

Además de Sandra Guida, Elena Roger y Diego Reinhold, participaron numerosos artistas de la comedia musical argentina:

Nicolás Armengol, Mariano Botindari, Gustavo Carrizo, Rodrigo Cristófaro, Cecilia Estévez, Charly G., Bruno García, Fabio Gigli, Christian Jiménez, Bebe Labougle, Carla Lanzi, Eugenia López Furgoni, Luis López Morera, Agustina Maier, Vanesa García Millán, Jimena Olivari, Ariel Pastochi, Darío Petruzio, Nadia Saval, Cecilia Sullivan, Paula Tirelli, Silvina Tordente, Déborah Turza y Damián Zaga.

Muchos de ellos continuarían desarrollando importantes trayectorias en el teatro musical argentino.

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El reconocimiento de la temporada 2003

JAZZ SWING TAP fue uno de los espectáculos destacados de aquella temporada teatral.

En las nominaciones a los premios Florencio Sánchez correspondientes a 2003, el espectáculo figuró en el rubro Musicales. También fueron nominados Elena Roger como actriz musical y Fabián Luca por su diseño de vestuario.

La producción permaneció en cartel hasta fines de noviembre de ese año.

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El legado de una época irrepetible

JAZZ SWING TAP representó mucho más que un homenaje a los musicales clásicos.

Fue también una demostración del nivel artístico alcanzado por los intérpretes argentinos y de la capacidad de Buenos Aires para producir espectáculos de gran formato.

Alejandro Romay volvió a apostar por una producción ambiciosa, reuniendo a un equipo creativo de excelencia y a una generación de artistas que ya estaba escribiendo nuevas páginas en la historia de nuestra comedia musical.

El espectáculo permitió disfrutar del talento de Sandra Guida, una artista inolvidable, y de Elena Roger y Diego Reinhold en una etapa significativa de sus carreras.

También reafirmó el lugar de Elizabeth de Chapeaurouge como una de las grandes creadoras de la danza teatral argentina.

A 23 años de su estreno, JAZZ SWING TAP permanece como un capítulo destacado de la historia del teatro musical argentino: un espectáculo que celebró la música, la danza y el talento de nuestros artistas con la grandeza de las grandes producciones de Broadway.

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