Crírica / HEDWIG Y LA PULGA FURIOSA / El glam, el rock y el talento se unen en un espectáculo poderoso, provocador y fascinante ***** Excelente

 


Por Daniel Falcone

HEDWIG Y LA PULGA FURIOSA

El glam, el rock y el talento se unen en un espectáculo poderoso, provocador y fascinante.

Hay noches en las que el amor por el teatro crece. Noches en las que uno vuelve a descubrir por qué el teatro musical es capaz de conmover, sorprender y deslumbrar cuando el talento se manifiesta en cada detalle.

Y eso sucede con Hedwig y la pulgada furiosa, una propuesta de una fuerza escénica extraordinaria, donde la música, las interpretaciones y una estética glamorosa construyen un universo tan oscuro como fascinante.

Curioso recorrido el de esta obra, nacida de la colaboración entre el músico Stephen Trask, responsable de la música y las letras, y John Cameron Mitchell, autor del libreto, actor, guionista y director.

Con elementos autobiográficos y una mirada transgresora sobre la identidad, el amor, la sexualidad y la necesidad de ser aceptado, Hedwig and the Angry Inch comenzó su recorrido en el circuito alternativo neoyorquino hasta estrenarse oficialmente en el Off-Broadway el 14 de febrero de 1998, en el Jane Street Theatre.

Lo que parecía una propuesta demasiado provocadora para los escenarios comerciales terminó convirtiéndose en un fenómeno de culto.

En 2001 llegó su adaptación cinematográfica, dirigida y protagonizada por el propio John Cameron Mitchell, que obtuvo importantes reconocimientos en el Festival de Sundance, entre ellos el Premio del Público y el de Mejor Dirección.

La historia nos presenta a Hansel, un joven criado en Alemania Oriental que sueña con escapar de una existencia marcada por las limitaciones y los prejuicios.

Su matrimonio con un militar estadounidense y una operación de reasignación sexual fallida transformarán definitivamente su vida. Convertida en Hedwig, llegará a Estados Unidos buscando libertad, amor y una identidad propia.

Pero el abandono, la traición y el desengaño volverán a cruzarse en su camino cuando Tommy Gnosis, un joven músico con quien compartió su talento y sus canciones, alcance la fama apropiándose de parte de su creación.

Hedwig emprenderá entonces un recorrido musical y emocional en el que el dolor, la ironía, el humor ácido y el rock se convierten en herramientas para contar su propia historia.

Una historia que, detrás de su apariencia extravagante, habla de algo profundamente humano: la necesidad de ser amado y aceptado tal como uno es.

Nacho Pérez Cortés se adueña del escenario con una interpretación intensa, visceral y de enorme presencia escénica.

Actor, cantante y bailarín de extensa trayectoria en el teatro musical argentino, con trabajos en Piaf, Avenida Q, Benito de La Boca, The Rocky Horror Show, Así vuelvo y Sandro, el gran show, entre otros, encuentra en Hedwig un personaje que le permite desplegar sus recursos interpretativos.

Su Hedwig tiene fuerza, desparpajo, sensualidad, ironía y también esa fragilidad indispensable para que el personaje no quede reducido a una figura extravagante.

Hay entrega, personalidad y una energía arrolladora.

Gastón Urtubey, en el papel de Yitzhak, completa el universo de esta historia y aporta una presencia fundamental en la relación de tensiones, deseos y frustraciones que atraviesa el espectáculo.

La adaptación de Julio Panno y Rocío Noziglia encuentra un lenguaje escénico que respeta el espíritu provocador del material original y lo acerca al público con personalidad.

La dirección de Julio Panno vuelve a demostrar su capacidad para construir universos teatrales con una mirada artística propia.

Panno comprende que Hedwig no es solamente un concierto de rock ni una sucesión de canciones impactantes. Es también una historia de heridas, contradicciones, búsquedas y emociones.

La coreografía de Vero Pecollo acompaña con energía y carácter una puesta en la que cada elemento contribuye a construir una identidad estética definida.

La banda en vivo constituye otro de los grandes atractivos de la propuesta. El rock no funciona como simple acompañamiento: es el corazón mismo del espectáculo. Alejo Caride es el pianista de la banda, un joven artista, completo y talentoso.

Las luces, el vestuario, los peinados, las pelucas y el maquillaje completan una concepción visual glamorosa, audaz y de fuerte personalidad.

Aquí hay un equipo creativo y artístico que trabajó en conjunto para conseguir algo esencial: que todos los elementos estén al servicio del espectáculo y del público. El resultado fue una puesta de notable calidad artística, impactante en lo visual, poderosa en lo musical y profundamente emotiva, donde el talento, la creatividad y la pasión por el teatro se conjugan para ofrecer una experiencia escénica que deslumbra, conmueve y permanece en la memoria del espectador.

Hedwig y la pulga furiosa es una obra que incomoda, divierte, conmueve y provoca.

Su universo de rock y glam esconde una historia profundamente sensible sobre la soledad, el rechazo, el amor y la búsqueda de uno mismo.

Esta puesta argentina tiene la virtud de encontrar un equilibrio entre el impacto visual, la potencia musical y la emoción.

Y cuando un espectáculo consigue reunir una interpretación poderosa como la de Nacho Pérez Cortés, la dirección siempre destacada de Julio Panno y un equipo artístico comprometido con cada detalle, el resultado merece celebrarse.

Un gran espectáculo para un teatro musical argentino que no deja de crecer, arriesgar y sorprender.

Porque hay noches en las que uno sale de una sala sintiendo concretamente que Esto es Teatro.

Daniel Falcone

  • Lugar: MAQUINAL (Anchorena 364, CABA)
  • Horarios habituales: Apertura de puertas a las 20:00 hs y función a las 21:00 hs.