Los problemas técnicos empezaron desde el comienzo.
Justo cuando comenzaba el número de apertura que esta vez no usaron música original sino, muy creativamente el número 'A Musical" del musical Something Rotten con libreto de John O'Farrell y Karey Kirkpatrick , y música y letras de Karey y Wayne Kirkpatrick
El número contó con coreografía de Georgina Tirotta y fue el mas divertido de todas las entregas (de las 16).
Conmemorando los 100 años del musial argentino, en un encuentro fantaseado, el tema trataba de una historia entre Ivo Pelay el autor de ese primer musical que se llamó "Judía" por Diego Ramos y Benjamín Solari Parravicini (el Nostradamus Argentino) por Diego Reinhold. Impecables, junto a un excelente grupo de bailarines.
El resultado fue mejor de lo esperado .
Joaquín Mondino Formichelli (Billy Elliot)
Esta entrega se destacó por colocar en el lugar mas destacado el trabajo de la niñez como artistas del teatro musical.
Ellos fueron los grandes protagonistas del 2026.
Billy Elliot, Charlie y Annie era protagonizados en su mayoría por niñez.
Además la actuación en la Ceremonia de la Compañía de Teatro Musical Juvenil, un estupendo trabajo del grupo, salvo por las apariciones de su director Ricky Pashkus permanentes y durante toda la entrega. Paula Schapiro es también creadora de la Compañía.
Con esta calidad de niñas y niños artistas el futuro de la artística del teatro musical esta asegurada. Todos están en manos de los productores que los convoquen. Ahi hay un tema.
Los momento que para el que escribe fueron destacables están: los homenajes a Gustavo Tweety Monje, él sí es un maravilloso e imprescindible artista del teatro musical y a la gran Maestra Elizabeth de Chapeaurouge, una vida dedicada a la danza con resultados superiores.
Agradecimiento a los Jurados de los Premios Hugo, por los Premios a Billy Elliot. Se agradece porque era la elección correcta.
No es algo excepcional es lo que tenía que ser.
Otros premios como el Pinti (pobre Enrique querido) era para los Amigos de AADET. Hay que ser mas disimulados. Ni una nominación para Billy Elliot absolutamente raro. Algo hay detrás.
El premio a la gran Vanesa Butera fue otro gran momento emotivo.
El final con todo el elenco de Billy. Gran cierre.
Otro tema instalado en la noche fue el SIN MÚSICOS NO ES MUSICAL.
No creo que haya algo para agregar. Es claro y es sentido común.
Pero hubo una voz que habló de "grieta" (sic) en el tema y la justificación de que TODO ES MUSICAL.
No es así.
Todos sabemos que un musical se arma con actores y músicos.
Está inventado desde hace rato. Nada nuevo.
Porque a ver...hay muchas cosas que están mal en las producciones comerciales y nadie dice nada (por miedo a no tener trabajo o que no me den las 2 entradas de cortesía o no me voy a pelear con los que tienen el billete?), problema de cada quien.
Lo que esta mal es cortar musicales, para llegar a las 2 funciones diarias, elegir artistas sin preparación para protagonizar musicales (acá si es un mal ejemplo para los niños, adolescentes y artistas que estudian años teatro musical...para que?) y no tener orquesta en vivo (no es bueno para el trabajo de los artistas tampoco) y despues se llenan la boca de la familia del musical y le sacan trabajo al gremio de los músicos y acá no paso nada?.
Los productores sabrán tambien que el músico se prepara tanto como un actor o un bailarin y porque dejarlos sin trabajo?,
Tampoco se lo escucha a SADAIC a hablar del tema. Otra rareza.
Tampoco es bueno que no se apoye esta realidad, tanto de los músicos como de protagonistas, cuando se tiene una escuela de teatro musical y Fer Dente debería saberlo y sus alumnos sobre todo, Y no hay que dejar el teatro musical sin orquesta, porque los niños artistas de Charlie se pueden sentir mal. Mal es no enseñar lo que corresponde. Muy fuera de eje el comentario. Muy complaciente para el productor amigo.
Le guste a quien no le guste SIN MÚSICOS NO ES MUSICAL.
El público quiere pagar la entrada igual...en todo su derecho...pero lo tienen que saber.
Otro tema GRACIAS LAURA OLIVA !!! no nos abandones más.
Esperemos que, en las próximas entregas de premios en Argentina, los organizadores recuerden siempre que hay muchísima gente que las sigue y las mira. Por eso, deberían trabajar seriamente para lograr que el público no termine aburriéndose durante horas en cada ceremonia.
Si no saben cómo hacerlo, pueden mirar y aprender de quienes tienen mucha experiencia en el tema, buscar nuevas ideas o, simplemente, animarse a cambiar. Porque hacer siempre lo mismo y no innovar tampoco parece ser una gran fórmula.
El teatro cambia, los espectáculos cambian, el público cambia. Las entregas de premios también deberían hacerlo.
Otro tema son los nuevos opinólogos del teatro musical: un celular, una cuenta de Instagram y, de repente, ya son estrellas de los medios.
Las redes, las redes… qué bien y qué mal que hacen.
Aparecen estos nuevos panelistas sin panel, que opinan, pontifican y hasta defienden musicales que prácticamente no tuvieron repercusión, que no fueron nominados o que simplemente no lograron convencer.
Y hay algo que no deberíamos olvidar: en la vida hay que prepararse. Se estudia, se trabaja, se investiga y también se aprende de quienes tienen experiencia. No alcanza solamente con prender una cámara y hablar.
Porque comunicar es mucho más que “mi forma de ver el mundo”.
Si tenés un Instagram y decidís opinar públicamente, también tenés una responsabilidad: hay que aprender a comunicar, informarse y fundamentar lo que se dice. Del otro lado hay personas que pueden creer aquello que escuchan, y no está bueno hablar por hablar.
El público no es tonto.
Y el público de teatro, mucho menos.
Parece que ya no es difícil llegar, pero mantenerse no lo duden que pocos podrán.
Hay momentos en los que uno piensa que todo es joda. Que el profesionalismo, la perfección, la superación, la efectividad y la prolijidad ya no sirven para nada. Que todo puede hacerse “como salga”, sin importar que detrás haya miles de personas mirando por televisión o una platea entera esperando durante horas.
Y no debería ser así.
Una entrega de premios, especialmente cuando hablamos de teatro musical, debería ser mucho más que una sucesión de nombres, sobres y estatuillas. Tiene que ser un show.
Un gran espectáculo que sorprenda, emocione y deslumbre. Una ceremonia pensada creativamente, con ritmo, puesta, música, artistas, iluminación y momentos que hagan sentir al público que está viviendo una verdadera fiesta del teatro.
Porque quienes están sentados en una platea también son espectadores. Y quienes miran desde sus casas también merecen un espectáculo a la altura de aquello que se está celebrando.
El teatro musical exige trabajo, precisión, creatividad y excelencia. ¿Por qué la ceremonia que lo celebra debería conformarse con menos?
Ningún premio argentino parece terminar de entender que la entrega también es un show.
Y cuando se tiene la posibilidad de hacer algo verdaderamente deslumbrante, conformarse con “cumplir” no alcanza.
Igual la esperanza (dicen), es lo último que se pierde
Y Siga el Jazz !!!
Daniel Falcone

