1º de mayo de 1973. Se festejaba el DÃa del Trabajo, pero en El Argentino un elenco trabajaba en el ensayo general. Al dÃa siguiente se estrenarÃa la versión local de "Jesucristo Superstar", ópera-rock con música de Andrew Lloyd Weber y Tim Rice.
Pero la intolerancia, en forma de atentado, incendió toda esperanza de estreno. El teatro quedó totalmente destruido y el público porteño no tuvo oportunidad de ver este musical.
No fue mucho más tranquilo el estreno en el Mark Hellinger Theatre de Nueva York, el 12 de octubre de 1971. Pero habÃa otras razones.
Eran los tiempos de la Guerra de Vietnam y entre los espÃritus juveniles se barajaban conceptos como invasión en territorios ajenos, se sufrÃa la muerte de soldados norteamericanos y la Guerra FrÃa todavÃa hacÃa sentir su elevada temperatura. Era el momento en que los jóvenes rompÃan las órdenes de reclutamiento, como una forma de mostrar el desacuerdo con la intervención de las tropas norteamericanas en los conflictos vietnamitas.
En ese mundo convulsionado por la violencia y las guerras focalizadas, Rice y Weber escribieron este musical inspirado en el Evangelio según San Mateo, pero ambientado en los tiempos modernos.
Tal como era entonces
La acción transcurre en Judea, donde reina Herodes Antipas, celosamente controlado por el sumo sacerdote Caifás y el procurador romano Poncio Pilatos. También eran tiempos en los que Roma buscaba la expansión y la lograba dominando reinos extranjeros. Los judÃos, aferrados a su tradición, esperaban la llegada del mesÃas. Y ahà estaba Jesús predicando el amor entre los hombres y provocando temor entre los poderosos.
Este tema pertenece al Nuevo Testamento, pero también a la versión del musical, en la que en lugar de hablar de Judea al comienzo de la era cristiana se habla del mundo contemporáneo a fines del siglo XX. Es asà como la figura de Cristo, apacible y serena, aparece rodeada de graffiti que denuncian el fascimo, el nazismo y promociona el amor como forma de salvación. Los jóvenes tienen peinados punk y ropas de cuero, mientras que los uniformes de los soldados parecen extraÃdos de "La guerra de las galaxias". En la escena de la expulsión de los mercaderes del templo, Jesús no encuentra comerciantes, sino traficantes de armas, narcos, prostitución y juego. También tiene a sus once fieles apóstoles y a Judas Iscariote, el que duda y traiciona por 30 monedas de plata, y a un Herodes inserto en el lujo y la lujuria de un cabaret donde anida la corrupción.
Se ha mantenido el espÃritu cristiano, pero con una inserción en la actualidad que resalta la agresión y la pérdida de los valores humanos en los tiempos contemporáneos.
Este es el espectáculo que la intolerancia impidió ver. Sólo se conoció la versión cinematográfica de Norman Jewison (realizada en 1973, pero sólo estrenada en el paÃs en 1985); y ahora la versión teatral, especial para televisión -dirigida por Gale Edwards-, cuya última emisión por DirecTV se verá hoy.
La intolerancia que la impidió es la que ponÃa en evidencia la representación: la violencia es la que atenta contra la doctrina cristiana y no un musical que rescata por sobre todas las cosas la figura de Cristo.

