Hay obras que, además de su valor artístico, tienen la capacidad de marcar un momento.
Esta nueva puesta de La ópera de tres centavos, de Bertolt Brecht y Kurt Weill, es una de ellas, no sólo por lo que sucede sobre el escenario, sino también por el encuentro entre dos instituciones fundamentales de la cultura argentina: el Teatro Colón y el Teatro General San Martín.
Y el resultado es auspicioso.
“La ópera de los tres centavos” es una adaptación de “La ópera de los mendigos” (The beggar’s opera), escrita por John Gay con música de Johann Christoph Pepusch, estrenada en 1728, que se hizo muy popular.
Unos 200 años después, Bertolt Brecht y Kurt Weill, en colaboración con Elisabeth Hauptmann, realizaron una nueva versión basada en aquella obra.
El resultado fue Die Dreigroschenoper, conocida en español como La ópera de tres centavos, estrenada en Berlín el 31 de agosto de 1928. llevando la acción en un Londres poblado por ladrones, prostitutas y mendigos, donde la corrupción vivía a sus anchas, con la policía y la justicia que se venden al mejor postor.
Los autores cifran la acción en el periodo entre las dos guerras mundiales.
La "pieza con música en un prólogo y ocho imágenes" fue la obra más exitosa en Alemania hasta la toma de poder del partido nazi el 30 de enero del año 1933.
Brecht y Weill se vieron obligados a abandonar Alemania, pero para entonces, la obra se había traducido a 18 idiomas e interpretado más de 10.000 veces en los escenarios europeos.\
Algunas de sus canciones adquirieron gran éxito por sí mismas, como la Moritat de Mackie Messer.
El “héroe” de la historia es Mackie Navaja, un delincuente que tiene comprada a la policía y es el capo de una banda de ladrones. Se casa con la hija del dueño de un matadero, que explota a los mendigos que tiene a su servicio.
La lucha de poderes entre Mackie y su suegro es tremenda, porque ninguno está dispuesto a ceder el control sobre su entorno y la traición rápidamente flota en el aire.
La Ópera de los tres centavos es una obra de teatro épico. Desafía las convencionales nociones de propiedad así como las del teatro. Dramatiza la pregunta: "¿Quién es un criminal mayor? ¿El que roba un banco o el que funda uno?"
La Ópera de los tres centavos es también un temprano ejemplo del moderno género de la comedia musical. Su partitura está muy influida por el jazz. La orquestación exige un pequeño conjunto con una buena cantidad de doblaje de instrumentos
Roberto Peloni tene presencia, dominio escénico y una solidez que atraviesa toda la obra, como entodos sus impecables trabajos.
Paker se destaca especialmente por la riqueza de su interpretación. Construye un personaje con matices entre la ironía, el humor y la intensidad dramática.
La dupla sPeloni-Paker sobre el escenario es absolutamente efectiva.
El teatro musical argentino esta en un momento clave donde hay grandes intérpretes que empiezan a convivir en el escenario, y con creativos productores y grandes obras el crecimiento del género podría ser el definitivo
Evelyn Basile, en tanto, su trabajo representa un momento especialmente importante. Después de años de recorrido en el ámbito del teatro musical, llega finalmente su oportunidad de destacarse como protagonista, y la aprovecha con solvencia, personalidad y una presencia que merece ser reconocida.
Laura Silva, siempre efectiva, vuelve a demostrar su capacidad para sostener un personaje y aportar calidad a un elenco que funciona como conjunto, al igual que Jessica Abouchain que se encuentra en su mejor momento profesional
Porque otro de los grandes méritos de esta producción es precisamente su elenco: homogéneo, comprometido y con intérpretes que entienden las reglas de un espectáculo que exige mucho más que cantar y actuar.
Mención especial merecen las coreografías de Flor Viterbo, que aportan ritmo, carácter y una identidad propia a la puesta. Hay allí una artista con mucho para dar y, sin dudas, un nombre al que habrá que seguir de cerca: tiene un gran futuro por delante.
Annunziata Tomaro, al frente de la dirección musical, realiza un trabajo sólido y preciso, fundamental para que la compleja partitura de Weill encuentre su dimensión teatral.
La puesta en escena de Gabriel Calderón encuentra una lectura dinámica con una dirección que sabe manejar la complejidad de una obra que combina música, actuación, movimiento y el particular lenguaje brechtiano. El resultado es un espectáculo de gran riqueza visual y escénica.
Pero quizás lo más importante esté más allá de la propia obra.
La primera colaboración entre el Teatro Colón y el Teatro General San Martín se presenta como una experiencia exitosa y, sobre todo, como una posibilidad. Una puerta que se abre para pensar en nuevos proyectos, nuevos cruces y una mayor circulación entre dos espacios fundamentales de nuestra cultura.
La ópera de tres centavos deja así algo más que una buena función: deja la sensación de que este encuentro institucional merece continuidad.
Que sea el comienzo de un proyecto cultural que siga creciendo.
Daniel Falcone

