Crítica EL ÚLTIMO TIC DEL CALENDARIO, el mie


La agorafobia es un trastorno de ansiedad que se caracteriza por un miedo intenso y persistente a encontrarse en lugares o situaciones de los que podría resultar difícil escapar.

En su departamento, Leo vive encerrado desde la muerte de su madre y el abandono de su padre. Dibuja, se refugia en su propio universo y evita enfrentarse al afuera. 

Su hermana Mariana, en cambio, es quien carga con buena parte de esa realidad y trata de sostener una situación que la atraviesa tanto como a él.

También está Ana, una joven delivery de energía desbordante y amiga de Leo. Parece no sintonizar demasiado con el clima que reina en esa casa, pero justamente su presencia funciona como un soplo de aire diferente: acompaña a Leo, lo moviliza y, sobre todo, le hace bien.

Leo encontró en las rutinas de un calendario detenido diez años atrás, en 2016, una manera de protegerse del mundo y, al mismo tiempo, de negarlo.

Hasta que un día su padre regresa. Vuelve con esos argumentos que suele tener quien alguna vez abandonó: explicaciones que incluso pueden resultar lógicas, pero que, después de tantos años, ya no alcanzan.

Construir un musical alrededor de una situación como esta —tan presente en estos tiempos— implica asumir un compromiso. Hablar de vínculos, pérdidas, ausencias, abandono y la dificultad de volver a conectarse con el mundo es siempre potente.

El tema está tratado con sensibilidad por sus creadores, Juana Bardeci y Facundo Cicciu. Es especialmente destacable el trabajo musical de Cicciu, que acompaña el texto sin invadirlo, construye los climas que necesita cada escena y encuentra en los ensambles y coros un importante trabajo vocal por parte de los intérpretes.

Iñaki Crotto es una revelación en el papel de Leo. Construye un personaje vulnerable sin quitarle personalidad ni fuerza escénica. Un artista para seguir de cerca, que próximamente cubrirá el rol de Ladislao en el musical A tu lado, Camila.

También es para destacar la presencia y el trabajo de Mario Angelome, Bárbara Ansztain y Lola Pico, que completan un elenco sólido y comprometido con el universo emocional de la obra.

Cuatro músicos en vivo acompañan la puesta y le dan cuerpo sonoro a este musical, dirigido por Mario Micheloni, quien apuesta por una puesta sobria pero efectiva, dejando que sean los intérpretes, la música y la historia quienes ocupen el centro de la escena.

Agorafobia habla, finalmente, de algo que excede el trastorno que le da título: del miedo a enfrentar la vida cuando aquello que alguna vez nos sostuvo desaparece, y de la posibilidad de que un vínculo vuelva a abrir una puerta que parecía definitivamente cerrada.

Daniel Falcone