Se cumplen 44 años desde que la Unesco –a través del Instituto Internacional del Teatro y su Comité de la Danza- resolvió instaurar el 29 de abril de manera mundial como el DÃa Internacional de la Danza.
La fecha corresponde al nacimiento, en Francia, de Jean-Georges Noverre (1727-1810), un nombre enciclopédico para la historia de este arte: debutó delante de la corte del rey Luis XV, fue un reconocido maestro de baile y es considerado el creador del ballet moderno (¡habÃa que ser moderno en el siglo XVIII!); lo suyo era “el ballet de acción”, superar la pantomima, quitarse las máscaras.
Su innovación tuvo que ver con otra forma de concebir los libretos, el vestuario, la escenificación y la coreografÃa; para entenderlo en esencia lo mejor es acudir a su obra más conocida, que paradójicamente está escrita: Cartas sobre la danza y el ballet, quince epÃstolas que fueron un estallido en la época de MarÃa Antonieta, donde concluye que en el ballet además de mover hay que conmover.
El caso es que desde 1982, una única celebración aúna a los artistas y amantes de la danza en todas las latitudes. Para la ocasión, cada año se encomienda a una voz diferente la redacción de un mensaje que se traduce a veinte idiomas y asÃ, amplificado, llega a los rincones del mundo globalizado. Esta temporada se eleva como bandera común el discurso de la directora artÃstica del Ballet Nacional de Korea, Kang Sue-jin, que define en un pasaje: “La danza está hecha de momentos efÃmeros que predestinan a los bailarines a estar en continuo movimiento”. Su texto, que se puede leer completo en la página del ITI (www.international-dance-day.org), hace foco en los estragos del coronavirus y lo que viene después. “El público solitario y cansado está anhelando la simpatÃa y el bienestar –dice-. Como bailarines creemos que el batir de nuestras alas da esperanza a los corazones de aquellos que aman el arte de la danza y les da el coraje para superar esta pandemia. Mi corazón ya está empezando a latir”.
En este rincón del mapa, es justamente el latido lo que encuentra a los dos mensajes: el de la coreana y el de Jorge Amarante, coreógrafo independiente a quien el Consejo Argentino de la Danza (CAD) le encomendó pronunciar unas palabras para la escena local. “La danza no tiene voz, pero late en cada corazón”, dice, pero hay que leer bien y no confundirse; no es un texto romántico ni naif. Ya desde el comienzo identifica rápidamente que en la coyuntura argentina además de “sentir, respirar pensar, preguntar, manifestar y disfrutar (...) danzar es luchar en el dÃa a dÃa contra la falta de conocimiento de quienes piensan que no es una profesión”.


