Los tres tomos de “Historia del Teatro Musical en Buenos Aires” de Pablo Gorlero,

Para los Amigos de Musicales Baires que preguntan, los tres tomos de “Historia del Teatro Musical en Buenos Aires” de Pablo Gorlero los podés conseguir en casi todas las librerías de la Avenida Corrientes, menos en las grandes cadenas (Distal, Yenny y Cúspide).

La lista de librerías la podés encontrar en www.editorialemergentes.com

 

Nota de Revista Ñ

Musical made in Argentina

Los tres tomos de “Historia del teatro musical en Buenos Aires”, de Pablo Gorlero, despliegan los orígenes vernáculos de este género que se suele asociar con la importación de formatos.

Buenos Aires tiene su propio teatro musical y, al contrario de lo que se cree, no hay nada de Broadway en los comienzos. Los hechos dan cuenta de una tradición vernácula, con características y problemáticas propias y música autóctona. Así lo demuestran los tres tomos de más de 500 páginas cada uno de Historia del teatro musical en Buenos Aires (Editorial Emergentes) que, con un minucioso trabajo documental, escribió Pablo Gorlero en un homenaje al género tan poco reconocido dentro de nuestro teatro.

En la capital porteña, el musical encontró su influencia más temprana en la zarzuela española. Estrenada en 1890, De paso por aquí, de Miguel Ocampo, es considerada la primera obra musical argentina por su incursión en una versión nacional del género: la zarzuela criolla. Nada de chulapas, majas y chulos en verbenas; los de las tablas de entonces eran paisanos, gauchos y compadritos en la milonga o el patio del conventillo cuyas historias se entramaban con pericones y vidalitas. El tango también tuvo una importancia fundamental en la revista criolla y el sainete lírico, cuyos éxitos se vieron en el célebre Teatro El Nacional, “catedral del género chico criollo” a principios del siglo pasado. No quedaba una sala que no tuviera una orquesta porque el 2×4 funcionaba como gancho en esas obras que se producían de la noche a la mañana. Sin embargo, todavía no se usaba ese gran concepto “comedia musical” que abarcaría tantas manifestaciones diferentes. La primera vez que se aplicó el término fue con Judío, de Ivo Pelay, en 1926. Esto, subraya Gorlero, marca “el comienzo de la comedia musical como género establecido, aunque no como estructura dramática nueva”, que luego tuvo treinta años de apogeo de identidad propia de la mano de grandes como Discepolín, Canaro y Peláez hasta los ’60, cuando comenzaron a importar las obras del exterior y el género se transformó radicalmente.

Made in Broadway
La dupla Pondal Ríos-Olivari fue pionera en la adaptación espectacular del estilo Broadway a nuestra escena con Si Eva se hubiese vestido en 1944. Más tarde, con enormes inversiones de dinero, músicos, productores y autores empezaron a importar ideas. El primer musical estadounidense con elenco argentino fue Simple y maravilloso (Plain and fancy), estrenado en 1956. De 1961 a comienzos de los setenta, se estrenaron 33 comedias musicales extranjeras, de las que 16 eran importadas de Broadway. De ahí que los periodistas empezaran a señalar la “moda de las comedias musicales” tras éxitos como Mi bella dama, Carnival o Anita del Lejano Oeste. Ni hablar cuando en 1969 llegó la explosión de Alejandro Romay que, precursor en la introducción de musicales extranjeros, estrenó la mítica El violinista en el tejado. Luego vino el período oscuro de los ’70 que propició la persecución de los hippies de Hair, las bombas que impidieron el estreno de Jesucristo Superstar, las amenazas y los atentados a Las mil y una Nachas y The Rocky Horror Show. “El teatro independiente encontró en el musical la mejor forma de crítica, de grito y de queja. Las canciones y el despliegue de movimientos y coreografías camuflaban la lectura real de un teatro contestatario que no bajaba los brazos a pesar de las muertes, los exilios, las desapariciones y las persecuciones”, afirma Gorlero. En 1976, directamente se puso fin a los musicales de contenido político y las obras que vinieron en su lugar fueron cada vez más livianas y ajenas a nuestra situación como país.

El musical en democracia
A diferencia del primer tomo, donde Gorlero ahonda en los orígenes nacionales olvidados, el segundo libro se permite un tratamiento pormenorizado de todos aquellos creadores locales que con su estilo particular marcaron historia de los ’80 en adelante. Sin olvidar su correlativo y extenso inventario minucioso de cada obra en el tercer bloque. El recorrido es tan largo como prometedor: Gorlero arranca con los inicios y éxitos de Pepe Cibrian Campoy, la explosión del teatro musical político tras los ’70, la adaptación de obras para figuras en los ’80, el locuaz Enrique Pinti, el genial Hugo Midón, los contratos millonarios de Daniel Grinbank, la era empresarial de Time for Fun (T4f), el tango for export, los homenajes de Valeria Ambrosio, el teatro comunitario de Catalinas Sur, el glorioso nacimiento del Colectivo de Teatro Musical y su Festival Latinoamericano de Teatro Musical off, los Premios Hugo al Teatro Musical, las Primeras Damas del Musical y los jóvenes protagonistas de la escena porteña actual.

Al final del itinerario, Gorlero no deja dudas de su tesis fundamental sobre un teatro musical propio. En los tres tomos, va del mainstream al under, en un recorrido por obras y artistas paradigmáticos de la escena nacional, sin descartes arbitrarios. Son libros para tomarse el tiempo de leer de a poco. Si el lector tiene la suerte de haber sido testigo de nuestro musical, las anécdotas, detalles y testimonios de los artistas serán un shock de memoria gratificante. Para quienes no, son una gran oportunidad para meterse de lleno en ese mundo del que tan poco se habla y que, tras su versatilidad y transformación permanente, acarrea más de un siglo de historia.

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