El teatro de Broadway celebra el crecimiento del turismo

El año último pasaron por Nueva York más de 65 millones de turistas y marcó el noveno año consecutivo de crecimiento del sector. Para este año se esperan más de 67 millones. El turismo es de enorme importancia para Broadway, porque los visitantes representan el 63 por ciento de los espectadores que asisten a los teatros de Broadway, según el análisis demográfico de la composición del público que elabora anualmente la Liga Broadway.

Gracias a la permanente renovación de su cartelera, Broadway es uno de los mayores atractivos para los turistas, y es fuertemente promocionado por la oficina de turismo de la ciudad, que dos veces al año contrata varias obras para que hagan funciones en las convenciones de agentes de viajes. Victoria Bailey, directora ejecutiva del Fondo de Desarrollo Teatral, atribuye parte del boom de público al estreno de títulos muy conocidos, que esta temporada incluyen Mujer bonita, Beetlejuice y Tootsie.

«En la cartelera hay preponderancia de obras sacadas del cine porque el título es reconocible y eso disminuye el factor riesgo en los espectadores. Cuando no sabe lo que está yendo a ver, la gente es más reacia», agrega.

Durante esta temporada, el espectador tuvo 72 espectáculos diferentes -algunos históricos y otros, de muy corta vida-, incluidos 38 musicales, 29 obras de texto y cinco eventos especiales, entre los que se destacó Springsteen on Broadway, que recaudó más de 50 millones en una temporada. La diversidad de la oferta, que iba de «musicales de rockola» como Ain’t Too Proud: The Life and Time of The Temptations, hasta obras de autor como Gary: A Sequel to Titus Andronicus, ayudó a ampliar el atractivo a nuevos espectadores. «Los productores de Broadway se están convirtiendo en expertos en marketing», dice David Binder, productor de dos de las más taquilleras: Network y Burn This.

Esa saludable variedad de obras de teatro no musicales -21 de los 34 estrenos de la temporada- fue alentadora para quienes se preguntaban si en Broadway seguía habiendo espacio para obras en las que nadie canta. La mayoría eran nuevas y sus autores, norteamericanos. Hasta ahora, cuatro de esas piezas ya han recuperado lo invertido y pasaron a ser rentables: The Boys in the BandThe Lifespan of a Fact, Network y To Kill a Mockingbird.

Esta última merece especial mención porque se mantiene semana tras semana a la cabeza de la recaudación entre todas las obras estrenadas en la temporada 2018-2019, superando también a los musicales nuevos. La entrada más cara para Mockingbird cuesta 497 dólares, y con 45 millones de dólares recaudados tiene asegurada su permanencia en la cartelera neoyorquina durante mucho tiempo. Siete títulos no tuvieron que preocuparse por su rentabilidad porque eran presentadas por entidades sin fines de lucro que gracias a su creciente presencia en Broadway han contribuido a estabilizar el mercado para las compañías teatrales.

Por lo general, entre obra y obra las salas cierran durante meses para permitir el desmontaje, el montaje y los ensayos técnicos de la nueva producción. Pero ahora las obras permanecen en cartel mucho más tiempo, y entonces las salas no tienen que cerrar, lo que se refleja en un mayor número de asistentes, así como más puestos de trabajo para los trabajadores teatrales. De todos modos, Broadway sigue siendo una industria de altísimo riesgo: alrededor del 70 por ciento de las propuestas comerciales son económicamente un fracaso y a nadie sorprende que los grandes ganadores del año pasado hayan sido los grandes títulos.

El ganador absoluto en términos de recaudación total fue por lejos Hamilton, que desde su estreno, en 2015, viene batiendo récords gracias a su popularidad y al salado precio de sus entradas: con la platea central a 849 dólares, recaudó 165 millones de dólares durante esta temporada.

El pelotón de los grandes ganadores se completa con El rey león (116 millones de dólares de taquilla bruta), Harry Potter and the Cursed Child (105 millones), Wicked (93 millones) y Frozen (86 millones). Harry Potter se convierte así en la primera obra no musical de Broadway que embolsa más de 100 millones de dólares en un año. El precio promedio de las entradas se ubicó en 124 dólares, pero esa cifra se vio impulsada por un par de espectáculos especialmente caros – Hamilton y Springsteen-, mientras que hubo 40 obras con entradas promedio de 101 dólares.

 

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