Crítica «HONDO» de Pedro Velázquez **** Muy Bueno Por Mónica Berman

 

Guitarra (Leandro Zambrano) y percusión (Gisele Ferlot) de un lado.  Coros (Pilar Miori, Belén García Calabrese), del otro. 

En el medio y de espaldas, alguien busca una canción. El dial de la radio ha pasado y ha recorrido ritmos diversos, estilos absolutamente disímiles. 

Ahora él, Pedro Velázquez, repite la acción pero la música se produce en vivo. 

“Busco” dice y empieza una canción y otra y otra más. 

Pequeños fragmentos de canciones diversas. Acomodando el oído puede percibirse que alrededor de Velázquez se produce una disidencia, lo que él canta no es acompañado por el resto, se va construyendo otra cosa: Hondo.

Así se inicia, nos promete variedad y vaya si lo cumple. 

El recorrido musical es ecléctico, los géneros y los estilos se dibujan y desdibujan con entusiasmo, uno cede a otro su lugar y conviven en fantástica armonía. Pero no solo hay un puñado de bellas canciones sino un entramado de relato y ese dato es central.

Porque las canciones no surgen de la nada. Y Velázquez recupera el origen de cada una de sus canciones. En más de una ocasión nos cuenta la prehistoria, los motivos, a veces, personales, cercanos; en otros casos reconstruye una leyenda, como en el caso de Hilo, y la canción se resignifica, cobra espesor. 

Igual que cuando anticipa lo de la “mujer guerrera” en Aires de vitalidad, dedicada a Ximena Biosca o la que le compuso a Meme Mateo para que ella hablara por su boca, Memerezco.

Las canciones y las interpretaciones son verdaderamente muy bellas, cuando se suman (en el caso de la puesta a la que asistí) Johanna Sciar y Augusto Fraga, todo lo que hacen es sumar, multiplican la energía vital.

El protagonista del recital insiste en compartir el mérito y con él, los aplausos. 

La interacción con sus músicos y su coro es una muestra cabal de esto. 

En la vereda opuesta del que se construye como “divo”, este artista trabaja con pasión y cediendo el espacio, así como lo hace con Valentina Ontivero que interpreta una canción de su autoría (pensar que la vi hace unos años en Perra que ladra a la luna). 

El clima es hermoso, logra despertar sonrisas en la platea y construir una comunidad aunada por la música, cobijados en El Ópalo.

Una cosa más, hay en sus letras, sin duda, pedazos de la poesía más bella que se pueda hallar por estos días rodando en la ciudad.

 

Mónica Berman

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