Crítica «CASI NORMALES» por Mónica Berman *****Excelente

Mónica Berman en Musicales Baires – Ganadora del Premio ATINA como Mejor Crítica e investigación al teatro para niños y jóvenes.

Crítica «CASI NORMALES» (otra entrada) por Mónica Berman

¿Por qué escribir sobre Casi normales cuando todos los que podían escribir ya lo hicieron (yo misma lo hice en otra ocasión)?

Porque cuando llega una obra tan notable a nuestros escenarios y continúa en cartel y renueva temporadas, no habría que dejarla pasar.

Tuvo cambios de elenco, cambios de teatro. Intérpretes que se fueron y volvieron. Otros fueron reemplazados definitivamente. También hubo cambios de programas de mano (como el que acompaña esta nota). Y la obra sigue en pie. Todas estas mudanzas no debieron ser sencillas. Tres niveles en relación con el espacio. Arriba de todo están de manera permanente los músicos pero, de vez en cuando, algunos personajes suben, en situaciones que se justifican por el relato. Los otros niveles se transforman en diversas locaciones en función de lo que sucede, es un espacio habitado pero no “decorado”; un planteo económico y abierto.

El espacio construye una puesta en abismo del funcionamiento de la puesta en escena: hay paredes pero no se ven, hay un baño pero no está, un aula de ensayo de un colegio, un hospital, la oscilación entre lo visible y lo invisible, lo que está ante la vista pero se niega, lo evidente que se oculta. Todo puede percibirse como una metáfora impiadosa y conmovedora. Podría decirse que temáticamente se inscriben: una paciente, un (par de) psiquiatra/s, una familia un tanto herida y esto sería verdadero pero no sería justo. Porque las lecturas que permite Casi normales exceden largamente esta consideración. Por otra parte, el trabajo formal, el ritmo, la utilización de los espacios/personajes combinados permite focalizar en distintos lugares narrativos. Hay humor, a veces un humor duro, pero de ese que saca una sonrisa; hay mucho trabajo con las transiciones (entradas, salidas, cambios de espacio ficcional, utilización de distintos niveles, juegos simultáneos entre pares de personajes).

También hay reflexiones sobre qué es estar sano o no estarlo. Y sobre qué vemos cuando vemos algo. Qué sucede cuando un solo personaje y el público comparten información (me importa muy poco que muchos de los que escribieron sobre la obra hayan contado de qué se trata, yo no pienso hacerlo porque la obra pide que no se haga).

Por otra parte, la dramaturgia y la decisión de puesta (cómo el público percibe y comparte el punto de vista de un personaje, al que se suma otro personaje, al final) permiten ubicar lo narrado en un terreno que no acepta explicaciones vinculadas con la causa-consecuencia racional.

Las interrogaciones en relación con la memoria, con el pasado de un individuo (¿y cómo dejar de leer lo colectivo?) son puertas a la belleza.

Como lo son la música y los músicos y las voces de quienes cantan. Un musical que cala hondo en el alma, o que produce un nudo en la garganta.

Cualquier metáfora cotidiana que sirva para decir el estado de conmoción que produce si uno se dejar llevar por lo que proponen desde el escenario. Por supuesto que todo está en su lugar, entonces las luces nos bañan de diversos colores o reproducen la tortura lumínica blanca de interrogatorio y como es evidente que hay una búsqueda de interpelación a los espectadores también los buscan lumínicamente, los incluyen en algunos momentos en particular (de manera breve y potente).

En la última función que vi, sentada en la primera fila, pude apreciar lo que no había podido en otras oportunidades: el trabajo gestual de Laura Conforte, la composición de su personaje es definitivamente notable. Todos y cada uno aportan su talento para hacer de esta puesta una experiencia maravillosa.

Mientras cierro este texto, suena la música pero de Next to normal (no logré el cd en español) y sólo pienso que quiero volver a verlos, otra vez más.

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