Critica – «AL FINAL DEL ARCOIRIS» *****Excelente

Si uno tuviera que plantear una síntesis de la historia, sin duda, sería sencilla y breve.

Judy Garland vuelve a los escenarios de la mano de su manager y (última) pareja que se ha encargado de armar todo lo necesario, pianista incluido, para una serie de recitales en Londres.

La esperanza está puesta en remontar las críticas negativas y en reunir un dinero indispensable para saldar deudas.

Para que todo salga bien, su pareja está peleando por liberarla de sus adicciones.

Por supuesto que no sale bien. Pero esto no es adelantar el final de la obra sino del acontecimiento histórico.

La veremos levantarse, caer, cantar, huir, cambiar de parecer. Pero decir esto no es decir nada de Al final del arco iris.

El espacio ficcional está a la vista de los espectadores antes del comienzo. Uno puede detenerse a mirar los detalles. Un sitio bonito, cuidado, con cierto lujo en los detalles. Ventana en el centro. Están en un hotel. Una gran caja se convertirá en el lugar en el que Judy guarda los vestidos, los zapatos, el maquillaje. Portadora también de espejos y las clásicas luces: un camarín portable.

Lo que veremos en este tiempo será del orden de la mutación de Judy Garland.

Karina K, en una interpretación absolutamente inefable, nos llevará por su excitación, su desconsuelo, su ascenso impuesto por la bebida y las pastillas, su pánico, en fin.

Por todos los estados posibles con una ínfima transición. Lo que se cuenta es del orden de la transformación (de las transformaciones) y en una inteligente decisión de puesta todo el sistema se propone funcionando desde allí.

Es un camino a la declinación. Partiendo desde un punto alto: la esperanza, el glamour, la prolijidad del espacio, el orden, se irá construyendo la caída.

Las decisiones de cambio son sutiles y avanzan de a poco hasta hacer devenir el espacio en otra cosa. En el principio se plantean espacios divididos. Cuando Judy canta a público, se hace centro en una “escena de espectáculo” con los músicos (que se develan en el detrás) y un cartel luminoso con su nombre. Luego, vuelta al hotel.

A medida que avanzamos en la historia, los espacios empiezan a mezclarse, otros personajes aparecen por lugares inesperados y a medida que transcurre el tiempo de función van quedando los despojos: se tematiza el ocaso de Judy, un vestuario que declina, herida en el rostro, un zapato en la mano, sus gestos rotos, su cuerpo inclinado.

En el final, quedan abiertas todas las puertas porque al fin y al cabo todo presente también es una acumulación del pasado y éste es un modo de plantearlo escénicamente.

Por otro lado, las decisiones de iluminación van en el mismo sentido. Pocas veces la luz rechaza de manera tan evidente la fórmula de “hacer ver” únicamente: aquí, narra y se constituye en una instancia emocional fuerte.

¿Hasta dónde puede verse Judy cuando se mira en el espejo con sus pequeñas luces? O como baja la luz o se tiñe cuando lo que plantea el relato no acepta una visión plena, sin matices. O cómo se baña de una luz dura que la pone en el centro, que la recorta de todo lo demás cuando canta en algún momento que no es necesario revelar.

Humor, ternura, tristeza, impotencia, contradicciones como en una gran montaña rusa.

La presencia de Rojas en la obra, ha dado dinamismo, fuerza y vitalidad, reforzando la estupenda actuación de Karina K como La Garland y un impecable desempeño de Antonio Grimau.

Con la dirección musical del gran maestro Alberto Favero, el doble placer de estar ante una Karina K que actúa y que canta y con un diseño de luces de David Seldes que narra y emociona, todo se convierte en un todo armónico y coherente.

La dirección de Ricky Pashkus lleva al lenguaje escénico (con todos sus componentes) lo que se tematiza verbalmente.

Un trabajo impecable.
«AL FINAL DEL ARCO IRIS»
Autor: Peter Quilter
Actúan: Federico Amador, Antonio Grimau, Karina K, Víctor Malagrino
Músicos: Quintino Cinalli, Arturo Puertas
Vestuario: Pablo Battaglia
Escenografía: Héctor Calmet
Diseño de luces: David Seldes
Stage Manager: Juan Manuel Caballe
Fotografía: Machado Cicala Morassut
Utilero: Marzoratti
Asistencia de dirección: Lucila Zin
Prensa: Tommy Pashkus
Producción general: Javier Faroni
Dirección musical: Alberto Favero
Dirección: Ricky Pashkus

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