Crítica – “RUFIANES” por Mónica Berman

 

Desde www.lakritica.com.ar

Por Mónica Berman

Empecemos con una disculpa. Esta obra no merece una escritura de prisa  sino una degustación lenta, observando cada detalle, poniendo la lupa en cada objeto, gesto, nota musical pero a veces no se puede.

Digo más, ahora que todavía no empecé a escribir afirmo que la vería de nuevo y que encontraría cientos de cosas que se me escurrieron de los ojos y de los oídos. Porque hay tanto, tan lindo, tan cuidado. Cuando un grupo de artistas se reúne para proponer un trabajo como éste, la escritura crítica del orden de lo periodístico no puede hacerle honor a lo que es…

El Galpón de Guevara propone un espacio amplio y, sin embargo, la puesta no queda pequeña en absoluto. Con notable talento, los objetos y los cuerpos ocuparán los espacios. A un costado, todos juntos, en un mismo espacio pero de ningún modo quietos, están los maravillosos músicos. (Diversidad de instrumentos, variedad de música).

La dramaturgia, brillante, demuestra que se pueden hacer musicales vernáculos con historias complejas, con varios hilos que se entretejen, con personajes bien construidos que plantean transiciones.

Para empezar por algún lado:  el relato se ambienta en los treinta de la ciudad de Rosario y la focalización está puesta en el antro mafioso de unos  rufianes pero tendremos dos perspectivas diversas en desacuerdo con ese universo, la del recién llegado de Italia, el hermano menor de uno de los rufianes y un periodista que intentará dar cuenta de lo real con suerte variada en el transcurso de la pieza. (Escribo y la escritura es del orden de lo sucesivo y reflexiono sobre todo lo que queda afuera que es mucho pero mucho más que lo que incluyo no solo por una cuestión de materialidad –evidente- sino porque el conjunto de lenguajes que se articulan están trabajados en conjunto y por separado para armar un engranaje profundamente  complejo).

Decía hay una historia pero hay múltiples personajes principales y secundarios, delineados verbal y actoralmente con un nivel de detalle importante. Para dar un ejemplo, como es un musical en un espacio relativamente pequeño para el género, se permiten trabajar los gestos faciales ( lo que expresa de ese modo Talo Silveyra necesitaría una descripción aparte). Esto es, sí se quiere, excepcional a lo “estadístico” del género (en fin, una excepción con respecto a la mayoría). Pero son múltiples las excepciones a toda una serie de cosas que se ponen en juego: el tratamiento del espacio, los objetos en el espacio devienen tan coreografiados como los cuerpos. Como son múltiples las locaciones,  la decisión fue plantar indicios sinecdóticos  (una puerta ahí, más allá una ventana, más acá una barra) y luego serán núcleos para una construcción que se completará con más objetos, con la iluminación o incluso pondrán, sacarán, cambiarán de lugar… acá suceden dos cosas, una es del orden de lo estético: los desplazamientos constituyen movimientos significativos en la escena pero además anclan los acontecimientos de manera efectiva, no hay confusiones, se comprende en dónde transcurre la acción (y en una instancia de tantos cambios esto es fundamental).

Como el sistema funciona a la perfección esto planteado con los espacios ficcionales tiene un correlato legible en todo el resto, como si fueran piezas que se aíslan y que se articulan, los relatos, las canciones, la luz que puebla y despuebla los sitios, que arma conjunto o que focaliza, que organiza lo visible. Esto tiene que ver con la “estructura” para decirlo de algún modo.

Pero hay mucho más. La puesta se da el gusto de quebrar los estereotipos, alguna escena de representación de sexo coreografiado juega de manera paródica, o la distancia impresionante que pone Flor Benítez mientras “recibe a los hombres “ y canta y por esa razón no está en donde está.

La propuesta está absolutamente cruzada por estas cuestiones, sin duda los razonamientos cuasi feministas de Rosa son definitivamente excepcionales pero vienen tan bien… para todos los que piensan que las puestas que tratan cuestiones de género tienen que ser panfletos, acá hay otra opción posible, porque enmarcado en un prostíbulo logra defender  lo que muchos intentan torpemente y no logran. No hablemos de todo el resto de la tematización de la corrupción, también presente. Por donde se la mire tiene elementos interesantes. Las alternancias del poder, por ejemplo, ver a los machos de rodillas ante el jefe. 

Y no hablamos del magnífico vestuario, de las coreografías… las peleas están tan fantásticamente coreografiadas como los bailes, la belleza de la música, de las letras de las canciones (que cuentan tanto y tan bien) aparecen, incluso,  guiños metateatrales y no se olvidan de incluir el humor.

Yo pongo punto final a este texto con la clara conciencia de que podría escribir muchas páginas prolijas y ordenadas sobre Rufianes pero este texto en desorden y apurado sí da cuenta de la felicidad (subjetiva) de que hayan puesto en escena un musical como éste, nacional y popular también, con una cantidad de trabajo y de talento, evidentemente, en perfecto equilibrio.

Mónica Berman

 

“RUFIANES” Lunes 20.30 hs. en el Teatro 25 de Mayo

 

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