“A CHORUS LINE” Abril 2019 con dirección de Ricky Pashkus y producción de Javier Faroni

Parece que 2019 será el año de las comedias musicales clásicas en la capital argentina.

Se suma un nuevo título a los planes de la cartelera comercial de la calle Corrientes: A Chorus Line, uno de los mayores éxitos de Broadway, con 6137 representaciones desde su estreno en 1975 hasta 1990.

Creado, dirigido y coreografiado por Michael Bennett, con dramaturgia de James Kirkwood Jr. y Nicholas Dante, letras de Edward Kleban y música de Marvin Hamlisch.

Ganó nueve premios Tony, además del Pulitzer.

En Buenos Aires fue producido por primera vez por Alejandro Romay, en 1980, en El Nacional, pero no obtuvo el éxito esperado.

Esta vez será Javier Faroni quien asuma la producción de esta nueva versión que estará dirigida por el experimentado Ricky Pashkus, quien adquirió los derechos de la obra, junto con Florencia Masri.

A su vez, Pashkus será el responsable de la supervisión coreográfica, mientras que la coreografía será de Gustavo Wons, la dirección musical de Mateo Rodó y la dirección vocal de Matías Ibarra.

El estreno está previsto para abril del año próximo.

“Haremos audiciones meticulosas, desde agosto de este año. Se elegirá minuciosamente cada uno de los papeles, ya que el ensamble es protagonista. Cada uno de los personajes tiene exigencias específicas Se filmará un documental de las pruebas y el papel del director de la obra será encarnado por Diego Ramos”, adelantó Pashkus, quien cumple así el sueño de dirigir el musical de mayor duración producido originalmente en los Estados Unidos.

 


El 11 de Junio de 1980, Don Alejandro Romay estrenó “A CHORUS LINE” en el Teatro El Nacional de Buenos Aires.

Casi 40 años después “A CHORUS LINE” regresará en el 2019 con la dirección de Ricky Pashkus y producción de Javier Faroni.

Pashkus aclara que se realizarán Audiciones Abiertas.

El 26 de Enero de 1974 se reunió a varios bailarines de Broadway para que contaran en una especie de terapia conjunta, el motivo por el que quisieron dedicarse al baile y las experiencias que habían tenido en sus comienzos. Las sesiones fueron grabadas, parece ser que sin saber muy bien en qué acabaría aquella iniciativa. La idea fue presentada por los bailarines Michon Peacock y Tony Stevens, que manifestaron a los participantes que de allí podría brotar la raíz para crear una academia de baile, la base para un libro o un proyecto teatral o musical.

El conocido coreógrafo y director Michael Bennett fue invitado a asistir a las sesiones en calidad de observador, aunque bien pronto su colaboración, se volvió muy activa en lo referente a las actuaciones de los intérpretes. Las diferentes experiencias relatadas se entregaron a James Kirwood y Nicholas Dante, que confeccionaron el libreto de lo  que se terminó convirtiendo en “A CHORUS LINE”, dándose la circunstancia que de los bailarines que colaboraron en el experimento, ocho terminaron finalmente formando parte del reparto original que estrenó la obra en Broadway.

El argumento gira en torno a una sesión de selección, a la que asisten varios bailarines, para tratar de conseguir el trabajo que les lleve a formar parte de una línea de coro (A chorus line), dentro de un nuevo espectáculo que se va a montar en Broadway.

Por todo decorado, un escenario vacío, en el que tenemos a los  bailarines que optan al puesto en la línea de coro y que irán descubriendo sus aspiraciones y frustraciones al director del musical, al que no vemos porque está sentado en el patio de butacas, invisible en la oscuridad de la platea, en la que también estamos el público como espectadores no invitados.

Para componer la partitura tanto de los números bailables, como de las canciones se recurrió a Marvin Hamlisch, que debutó en Broadway acompañando al piano a Barbra Streisand en su musical más famoso, Funny Girl y que ha continuado vinculado al mundo del musical, para el que ha escrito otras partituras, si bien este es su musical más representativo.

En las funciones previas observaron que el público salía algo decepcionado y fue precisamente Marsha Mason, la actriz protagonista de la película La chica del adiós (The goodbye fgirl), quien confesó a Michael Bennett que era decepcionante ver como al final, en la última criba de bailarines no la superaba el personaje de Cassie, cuando había estado bien en todo momento y en cada prueba. Bennett analizó el caso y cambió el final dando al personaje el pase a la línea de coro definitiva.

Con el trabajo ya terminado y a punto para estrenar se dieron cuenta de que necesitaban como millón y medio de dólares para producir el musical, que tuvieron que pedir prestado. Michael Bennet se encargó de la dirección y contó con Bob Avian para ayudarle en las coreografías. Para el estreno buscaron un teatro off-Broadway, el Public Theatre y se estrenó el 21 de Mayo  de 1975. Con el dinero del préstamo dieron el salto a Broadway al Shubert Theatre en Julio de 1975 y funcionó tan bien el boca a boca, que la demanda anticipada de entradas batió todo tipo de récords, colgando constantemente el cartelito de “No hay localidades”.

Público y crítica estuvieron de acuerdo y recibió 12 nominaciones a los premios Tony, consiguiendo 9 de ellos, entre los que estaban el de Mejor Musical, Libreto, Música y Letras, Dirección, Coreografía y actriz en un musical. El musical fue también premiado con el premio Pulitzer en 1976. La obra estuvo en cartel durante 6.137 funciones, consiguiendo el record de ser el espectáculo con permanencia más prolongada en la historia de Broadway. Este título lo perdió en 1997 cuando fue superado por Cats y posteriormente por Les Miserables y actualmente lo ostenta The Phantom of the Opera.

El musical también dio el salto a Londres y se estrenó en el Royal Drury Lane en 1976, donde también estuvo varios años.

Hubieron varios intentos de convertirla en película, aunque algunos directores no veían claro su paso a la gran pantalla. Finalmente Richard Attenborough se encargó de dirigirla y la adaptación.

Se puso al actor Michael Douglas como director de la obra, dándole un papel protagonista, cuando el verdadero protagonista del musical, es el anónimo bailarín que pasa de prueba en prueba dejándose los sueños y alma en cada audición.

Para la película se escribió una nueva canción para que pudiera optar a los Oscars como canción original, llamada “Surprise, surprise” en la que hablaba del despertar a la sexualidad. Esta canción se puso en vez de “Hello 12, hello 13, hello love”, que  estaba en el musical original teatral y venía a decir lo mismo más o menos.

El musical se volvió a reponer en Broadway en Octubre de 2006, más de treinta años después del estreno original y permaneció en cartel 760 funciones, que si bien no está mal para una reposición, queda muy lejos de lo que fue el original en su momento.

Lo cierto es que fue dirigido por Bob Avian que se limitó a seguir punto por punto la versión de 1975 y como ocurrió con la reposición de West Side Story, las partituras y el guión son excelentes, pero los años que han pasado desde entonces han cambiado muchas cosas en cuanto a posibilidades técnicas en un escenario y podrían haber arriesgado algo para ofrecer algo más actual y fresco, ya que las situaciones que plantean tanto West Side Story como A chorus line, siguen estando totalmente vigentes a día de hoy.

Todos los números musicales son perfectos y no cansan por más que los escuches. Desde el archiconocido “One” a  los temazos “What I did for love” o “The music and the mirror”, por no olvidarnos de los cómicos “Nothing” o “Dance: Ten; Looks: Three”. Repito y me mantengo en lo dicho, una partitura excelente.

Londres también tuvo su reposición en el London Palladium el 2 de Febrero de 2013, donde a pesar de anunciarse para sólo cinco semanas tuvo que prorrogar hasta el 31 de Agosto, antes de comenzar una gira por Reino Unido e incluso editarse un CD con el reparto de Londres.

MÚSICA: Marvin Hamlisch
LETRAS: Edward Kleban

  

 

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