JULIA ZENKO – Una cantante popular que ama subirse al escenario y actuar

Cuando Julia Zenko canta con esa voz que dispara emociones, sensualidad, que recorre rincones, colores, lágrimas, sonrisas y amores, no busca conquistar un público masivo.

No quiere fama, selfies, elogios, titulares en los medios. No quiere, ni siquiera, vender muchos discos. Es única.

“Nunca fui una gran vendedora de discos quizá porque elegía un repertorio que tenía que ver conmigo y no con el gusto de la mayoría de la gente. No me arrepiento y poco me importó, y cada vez me importa menos”, dice quien grabó una veintena de álbumes, editó otra surtida lista de compilados y colecciones en 40 años de trayectoria, viajó por el mundo con sus espectáculos y tiene un nombre marcado a fuego en la lista de las grandes damas de la canción nacional.

“La verdad me gusta el vivo, me encanta cantar en los teatros, en los boliches, en los pubs, la conexión directa con la gente. Agradezco que esos discos van a quedar para siempre. Aunque por ejemplo, Julia de Buenos Aires, nunca más se hizo y quedó en un cajón. Ahí entra la historia del marketing y las discográficas que no me interesa”. Julia Zenko solo quiere hacer lo que ella quiere: cantar. “Soy una afortunada, y agradezco todos los días poder vivir de lo que me gusta”.

Tras presentar con éxito su nuevo álbum, Nosotras, un recorrido por las canciones de autoras argentinas para ser lanzado en el Mes de la Mujer, dirigido a mujeres -en diciembre fue ovacionada de pie en la Sala Sinfónica del Centro Cultural Kirchner-, encabeza el elenco de Hermanos de sangre, el nuevo musical que trae a la escena porteña la dupla Mariano Taccagni y Damián Mahler (La metamorfosisNarciso), para regresar a su otro gran amor, la actuación.

“Si de chica me preguntaban qué quería ser, primero respondía maestra y después, actriz. Empecé a estudiar teatro en la escuela de Agustín Alezzo. O sea que la actuación siempre me atrajo, siempre me gustó observar a las personas. En una época tuve la intención de estudiar Psicología, y me di cuenta de que interpretar a otras personas tiene que ver con la psicología y con meterme en la cabeza de otras gentes”, repasa la intérprete, que se define como amante del teatro más allá del género, sea musical o no.

“Estoy con un cúmulo de sensaciones que van desde los miedos, la felicidad, el agradecimiento primero a que me hayan convocado, y haber aceptado, pasando por arriba de las inseguridades y los temores que tengo”, admite.

Que Julia Zenko diga que tiene que superar miedos e inseguridades es, por lo menos, un dato llamativo. “Soy muy insegura. Mágicamente cuando subo a un escenario todo eso no se ve. Soy una mujer luchadora, y laburadora y voy al frente. Como decía Eladia Blázquez, me muero de miedo, pero sigo adelante, soy así. Tengo temores con los que me enfrento día a día, y muchas veces los derribo y otras no. Son muchos años de carrera y siempre hay una parte de mi ser que me dice: ¡Cuánta responsabilidad! ¿Y si fallás?’ A veces me hablan esas vocecitas, pero siempre me mando, me tiro a la pileta, y la verdad que no me fue y no me va tan mal. Eso me da para ir para adelante y aceptar estos desafíos”.

Muy distinta a su look personal, Zenko en Hermanos de sangre
Muy distinta a su look personal, Zenko en Hermanos de sangre. Foto: Russarabian
 

Hermanos de sangre (Blood Brothers) es una obra que marcó varios récords y tiene una historia de trabajo y sueños cumplidos por detrás. Willy Russel, prolífico autor británico conocido por obras como Educando a Rita o Yo amo a Shirley Valentine, escribió este musical en 1981 para estrenarlo en un colegio de Liverpool y, tras reponerse con una producción más profesional en 1983, viajó al West End para sumarse a las grandes marquesinas que hacen de Londres una meca del musical. El espectáculo sorprendió a todos y ganó aquel año el Lawrence Olivier a la mejor obra nueva. Lo demás fue pura épica: a una gira por el Reino Unido le siguió un viaje a Australia y Nueva Zelanda para volver en 1988 con una nueva producción a Londres, donde permaneció en escena por más de 20 años. La última función fue en 2012. La obra cuenta la historia de una mujer que tiene mellizos y debe dar a uno de ellos en adopción. Este será criado en un entorno de lujos mientras el otro vivirá la pobreza. Sin embargo, los lazos de sangre prevalecerán. Los mellizos están interpretados por Mariano Taccagni y Gonzalo Almada (que también produce), y a Julia Zenko le toca ser su madre, la señora Johnstone, un papel que fue encarnado por grandes nombres del teatro musical británico como Barbara Dickson y Lyn Paul, y más recientemente, por la ex-Spice Girl Melanie Chisholm, y en Broadway por Carole King, entre otras. Magalí Sánchez Alleno será la señora Lyon, completando el cuarteto protagónico, y a ellos los acompañarán Guillermo Jáuregui, Alejandro Vázquez, Laura Montini, Matías Asenjo, Laura Vidal, Verónica Pacenza, Manuel Di Francesco y Matías Acosta.

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“Es una obra con una temática fuerte. Un personaje que vive situaciones dramáticas como la de entregar un hijo. Hermanos de sangre tiene canciones hermosas, con una música divina, que también aborda lo que ocurre con las personas de diferentes clases sociales, lo que algunos pueden disfrutar y otros no por el lugar donde han nacido y dentro de una familia que le puede dar a una criatura todos los recursos para crecer y para estudiar, y alimentarse. De todo esto se trata esta obra, es un gran desafío”, explica, y revela que cuando Taccagni y Mahler le llevaron la propuesta, fue tanto el entusiasmo que le despertó la obra no bien comenzó a investigar las puestas anteriores que, de inmediato, dijo que sí. “El que incentivó todo esto fue Mariano. Vio la obra en Londres, también cuando se hizo en Buenos Aires [ver recuadro]. Le gustó como desafío actoral. Era su sueño”.

La puesta en escena, a cargo de Mariano Taccagni y Alejandro Ibarra -que también es el encargado de las coreografías-, fue diseñada para contrarrestar el tono de “culebrón” de la obra y profundizar sobre los personajes: “Se trató de hacer hincapié en las características de cada uno, que son sarcásticos, hay personajes exageradamente irónicos, con humor, que te llevan y permiten bancar la obra porque es una temática muy fuerte. Una mujer que se ve forzada a dar en adopción a uno de sus hijos. Es tremendo. A partir de ahí, todo lo que se ve en la obra, las clases sociales, los despidos, particularmente, me atraparon”, dice Zenko, quien se sintió atraída también por la idea del destino detrás de toda la historia: “Mi personaje es supersticioso. Yo soy de escorpio, me da mucha curiosidad todo lo que tenga que ver con la suerte, con el destino, mostrar que muchas mujeres tienen que dar un hijo en adopción no porque son desamoradas, que hay situaciones límite en las que algunas tienen que decidir por el bien de sus chicos. Me conmueve mucho este personaje”.

Los prejuicios sobre las mujeres y la maternidad se ponen de inmediato de manifiesto en esta historia, que se enfoca en el personaje de Julia. Y el mensaje de reivindicación aparece en este papel tanto como en los pensamientos de la actriz: “Estoy a favor de todo lo que tenga que ver con largar para afuera lo que nos daña”, dice sobre la ola de denuncias de muchas mujeres del mundo del espectáculo por acosos sexuales en sus trabajos. “Voy a estar siempre a favor de poder hablar de la justicia, de la libertad, el poder dejar de caminar atrás de los hombres y caminar a la par, como decía Pappo. En mi infancia mi vieja me obligaba a hacer la cama de mi hermano. Me ponía verde porque no me parecía justo y no es justo. Todo lo que tenga que ver con el equilibrio entre hombre-mujer y que todos somos seres humanos y tenemos derecho a vestirnos como queramos, a hacer lo que nos guste, a decidir si queremos ser madres o no, si nos satisface ponernos un aro en la nariz y que nadie nos critique, o usar una minifalda y no por eso que un degenerado venga y te meta la mano. Voy a estar siempre a favor de eso, creo que así eduqué a mis hijas, con la libertad para poder decir lo que uno piensa y para cortar con lo malo que está establecido en nuestra sociedad y en muchas sociedades”, dice, aunque aclara que no vivió situaciones de acoso en el medio. “Jamás. Nadie nunca se pasó de vivo conmigo. Nunca, nunca. En mi vida personal, cuando estuve cerca de ese tipo de personas pude alejarme a tiempo”.

Hermanos de sangre

Dirigida porMariano Taccagni.

Teatro Del Globo, Marcelo T. de Alvear 1155.

Viernes y sábados, a las 21, y domingos, a las 20.30.

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